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Nombres para la epopeya de una generación que se fue al carajo |
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La noche en que Sonia Muñoz se fue a San Cristóbal del Táchira el mar no era el mar El mar tuvo entonces el azul terrible de las epopeyas
Yo estuve presente y lo vi Y apenas atiné a decir cobalto y fuego Dos signos a los que no les busqué ninguna explicación
Oí voces, no de pescadores Y un fragor Y vi hombres llorando en la baranda que separa todo de nada Y supe enseguida que estaba ante lo que los poetas tunantes suelen llamar un paisaje de batalla
Por eso dicen que poeta puede ser cualquiera
Pero un perro no se confunde y yo no me confundí
Lánguido y presto a quitarme de pamplinas me sacudí de todo palabreo disfrazado de ciencia
le volví la espalda al que lava las penas de los hombres y regresé a mi casa convencido de que se habían terminado todas las solemnidades
Atrás dejé lo que vi
Vi el lastre de una época flotando entre los amigos que el mar se llevó Vi a Leocadio Ortega tocando en las puertas que se abren y se cierran Y a Eugenio Millet en un contenedor que él pintó con saliva
Palabras y tonadas que los demás no escuchaban, oía yo, como de lejos inocente, salvado, al margen Versos y canciones fijaban el momento, aceleraban su instante y lo precipitaban al bajío donde encallan los animales mitológicos Allí estaba Dulce Díaz Marrero reclamando el fin de la ley y todos, no los demás, sino nosotros enamorados de ella antes, durante, después de que descubrieran a Carlos Montesinos comido por los cangrejos en la rivera del Sáhara
El mar no era mar sino la noche y nadie notaba el terror Solo yo, o eso parecía tenía en cuenta ese verso hostil que termina por devolver a uno al lugar donde te llaman por tu nombre y ves lo que otros no ven
El mar no era el mar sino el recuerdo de Miguelón al lado de un revolver bien engrasado mientras Ernesto D. Baudet me decía hola y adiós tocaba la flauta, tendía la mano y perdía la oportunidad de dejar de ser invisible
A todos vi, A todos amaba, a todos detestaba
Todas las banderas negras de nuestra ilusión Amortajando a los que dijeron hay que salvarse Aparecían
Todo estaba Y nada permanecía
Y cuando ya no me quedaba nada por ver vi también el cadáver de Aquiles y pensé inmediatamente en Chito Castellano y luego en Virgilio Piñera Las tres oscuras cabezas negadoras que cada vez me visitan con menos frecuencia
Solo un mar inquietante un mar enfermo de hermosura enfermo en la seguridad de que su decir nunca se desgasta como dicen los poetas tunantes estaba y permanecía
Sonia Muñoz se había ido a San Cristóbal del Táchira y yo quería recordar lo que ellos decían y el mar me lo borraba Yo intentaba escribir sus nombres y el mar me los borraba Yo era un perro malgastando la imagen del que lame sus propias llagas y el mar me borraba Yo miraba y solo veía muertos
Y aún de espaldas al mar solo vi muertos, muertos, muertos |
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Alberto Linares Brito |
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