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A LOS ESCRITORES DE POSTÍN |
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Desde aquí, la cúspide del infierno, os diviso: mendicantes de miserias frente al poder, dispuestos a vender vuestra dignidad de escritor a cambio de la fama y una pequeña parte de las monedas de Judas. Vuestra vanidad ególatra pudre vuestro discurso falseado. Ya no sabéis quienes sois, ni quienes fuisteis tampoco. Buscáis excusas que os humanicen, comprensión ante vuestros actos inmorales.
No, no merecéis mi perdón. Prefiero denunciaros porque la literatura es lo único que nos queda frente a la corrupción del mundo. Estáis asesinando a la esperanza, a la vida, al sueño de un mundo mejor en el que todos seamos iguales. Pensad en vuestros hijos, en qué aire respiraran si a ti estos vientos ya te ahogan, en qué les dirás cuando exijan de ti ilusión, cuando te supliquen utopías que cercenen sus ansias de suicidio porque en su jaula ya no quedan salidas dignas.
Somos la posibilidad, la eclosión del silencio en grito que desde el infierno pudiera iluminar este mundo ciego. Y sin embargo os entregáis a la codicia y al halago con la sonrisa de la hiena por bandera.
Sé que se sufre en el infierno, que el desprecio duele más que una muela, que es terrible el olvido, la ignorancia, no existir, aún viviendo, para nadie, pero ¿merece la pena no poder mirarse en el espejo?, ¿tener el corazón inundado de cieno?, ¿saber que ese que quieren no eres tú?, que ya no eres más que un pelele, un títere cuyos hilos mueven otros: los que te alimentan, los que diseñan el aliento de tu vida, los que te dicen qué pensar.
Prefiero gritar desde el infierno a quien no halla resquicio en su jaula. Gritarles que es posible, que aún es posible dignificar la sociedad, que no están solos, que existe un loco que los quiere despertar. |
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Francis Vaz |
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