Agustín Díaz Pacheco
Datos biográficos

19 de awptiembre de 2010

Enanos altivos

 

 Puede ser recurrente en una conversación es el referido a la estatura física. Es cuando se apela a datos anatómicos, los que proporciona la Historia, porque aparte de explicaciones relativas a la estructura psicológica, también las hay que inciden en la estatura. Existe un triangulo conformado por Napoleón Bonaparte, Benito Mussolini y Francisco Franco. Cada uno de ellos media entre 1,67 y 1,68; 1,66, y 1,61, respectivamente. Se alzaba el físico de un ser malévolo, Adolf Hitler: 1,78. No cabe la menor duda de que lo esencial de una persona es su estatura anímica, su altura ética, y que la estatura física es lo de menos.  Por supuesto que puede, incluso, destacarse en política y en el espectáculo; viene a ser lo mismo. Personas como Herv´´e Villechaize, Kenny Baker, Wee Man, David Rappapart, Warnick Davis, Danny Woodburn, Verne Trayer, Paul Fosco o Gary Rossitto, se abrieron paso en el mundo del espectáculo por su pequeña estatura. De los más bajos: Angelo Rossitto,  70 centimetros, quien se suicidaria aunque por razones bien diferentes a las de su corta estatura, y Verne Trayer, 81 centimetros.

 

   Quizá el problema pueda surgir cuando la persona gulliverizada ostenta un papel algo destacado en la sociedad. ¿Podrá existir una descompensación derivada del papel que se ejerce y la estatura?  Sí o no, las preguntas de rigor. Uno de los rasgos más distintivos de Napoleón, Mussolini y Franco, la postura que adoptaban. Empinados sobre su complejo de inferioridad, los tres más que peligrosísimos sujetos se empeñaban en hacer de la crueldad un arte para compensar lo que ellos entendían, poseer una corta estatura. En el caso de Mussolini y en el de Franco, un poco más y hasta podían caer de espalda, por tan  forzada postura.

 

     En el mundo del arte también ha primado el componente anatómico. Desde el famoso cuadro ‘La familia de Felipe IV’, más conocido como ‘Las meninas’ (1656), de Diego Velázquez, con tres componentes de reducidísima estatura, cuales eran María Agustina Sarmiento de Sotomayor, Mari Bárbola y Nicolás Pertusano, hasta el prepotente realismo social, impuesto por la estética soberbia que aprobara Stalin y su cohorte de paleocomunistas –nada de marxistas, rosaluxemburguistas o ultrarradicales-, en el que predominaba cierta ‘iluminada arrogancia’, el obrerismo como desviación político-ideológica, el que consagró el compulsivo estajanovismo y los ‘gulags’, aparte de la enorme masacre perpetrada en Katyn donde fueron asesinadas unas 20.000 personas, entre ellas miles de oficiales del ejercito polaco.

 

      Pese a Napoleón, Mussolini y Franco, la cuestión no estriba en la estatura; importa sobre todo el componente bonhómico, la condición intelectual y la solidaridad. Pero cuando la estatura coincide con la premeditada sencillez que no cesa en aparentar, la conspiración y el desdén contenido, debería tener  mucho cuidado, puesto que los enanos y también enanas son bastante desaprensivas.    

 

 Agustín Díaz Pacheco