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Mi
primo el artista, fue a Berlin de viaje durante siete días con un grupo de
amigos. Practicaron el inglés, se emborracharon, visitaron museos.
Disfrutaron de lo lindo, como es propio en esos viajes. La semana
transcurrió velocísima y llegó la hora del regreso. Mi primo recordaba
haber comprado un billete barato. Apenas tuvo tiempo de comprobaciones
pero aseguró, a sus amigos y a él mismo, que su regreso era el día
siguiente. Naturalmente, mi primo el artista entre dibujos y conceptos
confundió la fecha de su vuelo. Y acompañó a sus amigos al aeropuerto. Les
ayudó cargando algunas maletas. Esperó a que facturaran, les despidió con
abrazos y un hasta mañana. A través de los cristales vio despegar al avión
y entonces reparó en el fallo. Pero no gritó ni se enfadó. Sacó su billete
del bolsillo, leyó la fecha y la hora: era justo ese preciso instante.
Construyó un plano perfecto estirando el brazo, el billete en primer
término y al fondo el avión, desapareciendo entre las nubes. Lloró feliz.
Luego compró otro billete. Le clavaron cuatrocientos euros. Cosas de
artistas.
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